Bodas rústicas con un toque de romanticismo

Organización y decoración de bodas en valencia

A Álvaro y a Cristina los conocí cuando todavía faltaba un año para su boda.

Cuando te reúnes con clientes pueden haber tres escenarios: La indiferencia,  el interés o la emoción total. Con ellos había emoción, y mucha. Hablar con ellos era como hablar con unos amigos, parecía que los conocía de toda la vida, y no sabéis que bonito es eso.

Cristina me escribía, o me llamaba y yo podía escuchar la emoción e ilusión en cada palabra. Aunque estaban involucrados en muchas cosas durante los preparativos, no podían ocultar sus ganas por preparar una boda súper guay.

Me dieron total libertad para decorar, y ayudé a sus amigos/as con las sorpresas que les prepararon. Moló un montón porque se lo curraron mucho.

Pero, para que podáis vivir la boda en primera persona, será la novia quien os la cuente 🙂

Vais a ver que pareja de bonitos preciosos.

Como toda pareja, empezamos a soñar despiertos, haciendo planes de futuro, y dentro de esos planes, estaba el formalizar nuestro amor.
Desde entonces, empezamos a diseñar nuestro gran día. La ceremonia sería religiosa, y como manda la tradición, nos casaríamos en el pueblo de la novia.
         Empezamos a plantearnos si queríamos una boda de día o de tarde. Y finalmente, vimos que habían más “pros” en una boda de día.
La verdad, que nunca había imaginado casarme por el día, ya que cada vez que me planteaba cuando era niña cómo sería mi boda, me la imaginaba siempre de tarde, pero sin duda, fue todo un acierto hacerlo de mañanas, ya que todos los invitados, mayores, jóvenes y niños, disfrutaron de todos los momentos.
Teníamos claro dónde se celebraría la ceremonia y el salón, por ello, fuimos directamente y reservamos fecha. Como lo decidimos con tiempo de antelación, había disponibilidad, así que, en un día, lo cerramos todo. Oficialmente, nos casábamos el día 5 de Mayo del 2018 a las 12:00h.
         A partir de ese momento, empezamos a organizar los detalles.
Lo primero que hicimos fue contactar con el fotógrafo, lo tuvimos claro desde el primer momento: Albert de Juan. Gran profesional y amigo de nosotros desde pequeños, sin duda, el mejor que captaría en imágenes nuestro amor.
De igual modo que nuestro Videografo.
Luego, como toda novia, empecé a mirar fotos de vestidos, ramos, decoración… y ahí, en ese momento, vi un anuncio por redes sociales. LE DIJE QUE SI, organización de bodas. Sinceramente, nunca me había planteado contratar los servicios de una empresa para la decoración, pero me llamó la atención y contacté con ellos. Desde el minuto uno, me transmitieron muchísima confianza, y me hacía emocionarme con tan solo imaginarme todo aquello que me describía. Y fue la mejor decisión que pudimos tomar. Lo digo y lo diré siempre. Ya no solo, por todo el tiempo y trabajo que ahorran a los novios en ver, buscar y decidir cosas, sino por el trato y profesionalidad que nos demostraron desde el primer momento.
La tranquilidad que tuvimos durante ese año, no tiene precio. El no tener agobios, ni discusiones por decidir si negro o blanco, ni invertir tiempo en ir a comprar y buscar detalles y cosas por nuestra cuenta.
Empezamos con los tarjetones, ya que ellos, también se encargaban de ello. Ahí si que estuvimos debatiendo cómo sería el resultado final, es de lo único que dimos nuestra opinión, ya que si que es algo más personal y ellos nos recomendaron que fuéramos nosotros quien decidiéramos el estilo. Y así fue, les trasmitimos la idea que queríamos, y ellos supieron plasmarlo a la perfección.
        Luego nos centramos en la decoración, aún recuerdo cuando Marian me dijo: Piensa en los colores de tu boda. Ya que a partir de ahí, iría enfocada toda la decoración. Reconozco que pensé un poco en ello, pero sinceramente, no sabia ni en qué colores pensar. Por eso, al cabo de los días, le dije a Marian: escógelos tu. Quién mejor que tu para escogerlos. Haz de mi boda, como si fuera la vuestra, confío plenamente en vosotros, en vuestros gustos y vuestra profesionalidad, por ello, lo dejo todo en vuestras manos. Y así fue, todo fue a gusto de ellos, y no pudo quedar más bonito. Estaba todo ideal. Superaron con creces todo lo imaginado.
        Y ahora sí, nos embarcamos en el día de la boda.
Desde el primer instante del día, fue especial. Me levanté y enseguida vinieron la maquilladora, Eva Rozalén y la peluquera, Del Revés. Se pusieron  manos a la obra. Eran las 7.00 de la mañana. Estuvimos allí, mi madre, mi hermana y yo, hablando con ellas, de la vida, de las bodas, y del tiempo. Ya que, por suerte se veía entrar por la ventana los primeros rayos de sol, ya que durante la semana daba una pequeña probabilidad de que pudiese salir nublado y con algún chubasco.
Puse música, con las canciones de la boda, canciones que me gustaban y qué me hacían feliz, porque sí, porque adoro ponerme a cantar y bailar sin sentido.
También tuve lágrimas, ya que recibí de una amiga de la infancia, la cual no pudo venir a la boda, una carta con palabras muy emotivas. ¡¡Me sentía tan afortunada de todo lo que me rodeaba y de la vida!! Estaba feliz, muy feliz.
Mientras estaba terminando Eva de maquillarme, vinieron los fotógrafos y los del vídeo. Eso significaba que ya llegaba el momento. Como son amigos, ya empezamos con risas y momentos, y así, empezaron las fotografías.
Me puse el vestido, de Mompó Costura, con la ayuda de mi madre y mi hermana. Era un vestido muy sencillo, pero yo me sentía guapísima. No necesitaba más que eso. Considero que lo sencillo, es la clave de lo elegante, y aunque creía en un principio, que mi vestido llevaría algo más, cuando lo vi así, que era la idea base, no quise ponerle nada más. Me puse el vestido y salí de la habitación. Mientras bajaba al comedor, me sentía como una autentica princesa. Todas las miradas de mis seres queridos, eran para mi. Y ver ese brillo en los ojos, me emocionaba.
       Entré en el comedor, donde empezaron a hacerme más fotos, sola, con mi familia… y sobre las 11:30 tenía una cita con mis amigas.
Ninguna de mis amigas habían visto el vestido, ni les había dado ninguna pista, puesto que, mi ilusión es que todas me vieran ese día a la vez. Me hacía ilusión, que todas mis amigas llegaran a mi casa, y que cuando estuvieran todas, abrieran las puertas del comedor para que me vieran todas a la vez. Y así fue, fue un momento muy divertido además de emotivo.
Llegó la hora, debía de salir. La verdad que estaba nerviosa. Durante el año estuve muy tranquila, no estaba nerviosa ni me estresaba pensar en el gran día, pero ahí, me vinieron todos los nervios.
Era como que el momento que tanto me había imaginado, era ya ahora. Lo estaba viviendo ya. Salí de casa, allí estaban todos mis familiares y amigos, todos con una gran sonrisa, salí, saludé a todos y me cogí al brazo de mi padre orgullosa. Me iba a llevar al altar.
Como manda también la tradición en los pueblos, fui andando de mi casa hasta la iglesia. Los niños portadores de anillos delante, a continuación mi padre y yo, y detrás toda mi gente acompañándome hacia la iglesia. Y llegué allí. La plaza estaba llena, de familiares y vecinos de mi pueblo. Estaba allí aparcado también el coche que habíamos escogido para la boda, que trajo a Álvaro y a su madre a la iglesia, ya que él es del pueblo de al lado.
El coche era precioso. Un Rolls Royce de 1954, negro por fuera y tapizado de piel blanca en el interior. Álvaro ya estaba dentro, con todos sus familiares y amigos. Y allí me encontraba yo, fuera, apunto de entrar. Reconozco que estaba nerviosa. Era el momento más esperado para mí. Ver a Álvaro en el altar y que él me viera a mí entrar por el largo pasillo.
Lo habíamos soñado e imaginado muchas veces. Y por fin, se iba a hacer realidad. Me giré a mi padre, los dos somos de un carácter simpático y alegre, nos miramos a los ojos, nos reímos y dijimos a la vez: ¡Ánimo y al toro! y nos empezamos a reír. Comenzamos a andar hacía delante. La iglesia de Massamagrell es muy grande, y me encantó ver que toda la iglesia estaba llena hasta el último banco. De mi gente, de nuestra gente. Todos con una gran sonrisa, viendo como pasábamos.
No podía estar más feliz y emocionada. Y ahí estaba él, en el altar, más guapo que nadie. Con una enorme sonrisa mirándome y con un brillo especial en los ojos. Ya estábamos juntos, ahora sí, empezaba todo.
La ceremonia fue emotiva, estuvo amenizada por una melodía especial, nos cantaba una amiga, Raquel Roig, una mujer con una voz increíble. Acompañada de piano, instrumento que me identifica, ya que desde la infancia he tocado el piano. No podía haber mejor pack que eso.
Cuando se terminó, nos hicimos fotos con los familiares y amigos, y llegó el momento de salir. Todos nos esperaban con mucho arroz, mucho, ya que los amigos suelen comprar sacos y sacos. Y allí salimos, a la inmensa lluvia de arroz. Luego, vinieron las felicitaciones. Estábamos ¡tan felices! ya habíamos hecho la celebración y ahora nos íbamos al salón a celebrar nuestra unión. Subimos al coche… y nos fuimos. 
       
Allí nos hicimos unas pocas fotos, ya que queríamos disfrutar de nuestros invitados. Estaba todo precioso. Llegamos, brindamos y… empezamos a disfrutar.
Una vez terminado el cóctel, pasaron los invitados al salón y, Álvaro y yo, nos esperamos fuera. Yo estaba expectante, ya que todas mis amigas, amigas de Álvaro y familiares directos de ambos, tenían una carta personalizada encima de la mesa. Diciéndoles lo importantes que eran para nosotros y lo feliz que nos hacía que estuvieran allí junto a  nosotros.
Llegó el momento de entrar. Empezó a sonar la canción que habíamos escogido: Deja que te bese, de Alejandro Sanz y Marc Anthony. Representaba nuestro amor, puesto que siempre nos hemos dicho, que hemos sido la casualidad más hermosa. Pasamos por los invitados hasta llegar a la mesa nupcial. Allí bailamos un poco más e inmediatamente, cogimos dos ramos y se los dimos a nuestras respectivas madres. Momento muy emotivo.
Nos sentamos, y nos sirvieron el primer plato…todavía no lo habíamos terminado, y empezó a sonar una canción. La verdad que me extrañó escuchar esa canción, ya que nosotros, no teníamos ninguna sorpresa, la única vez que íbamos a levantarnos era para dar mi ramo, ya que todos los detalles, estaban encima de la mesa, puesto que no me gustaba tener que levantarme y dar mil detalles. Sonó esa canción…. y empecé a ver movimientos…primero mi hermana y el hermano de Álvaro, luego algunas amigas… luego más amigos…cada vez se iban incorporando…y empecé asimilar que nos estaban haciendo algo..ERA UN FLASHMOB. Un flashmob increíble, ya que participaba mucha gente, ya que ambos tenemos muchos amigos.
La mayoría de los invitados eran gente joven. Nos emocionamos muchísimo. Fue un momento increíble que recordaremos siempre. A partir de ahí, no paramos. Regalo de mi hermana y mi cuñado, broma de mis amigos de Massamagrell, broma de mis amigas de Puzol, broma e los amigos de Álvaro…
Y llegó el momento de la tarta. Pusimos una canción especial para nosotros, no es muy conocida, pero para nosotros, era la perfecta para ese momento: Cómo no te voy a querer de Arancha Santiago.
Y a continuación el baile. Desde que pensábamos en el momento del baile, siempre hemos tenido claro, que queríamos disfrutar del momento, de la música, de los pasos…pero sobretodo de nosotros. Los dos somos bailongos, y nos venimos arriba enseguida en cualquier canción. Y siempre que escuchamos una bachata, aunque estemos lejos el uno del otro, nos buscamos y empezamos a bailarla.
El hermano de Álvaro baila, y nos recomendó unas cuantas, y escogimos una que para nosotros era divertida para bailar: tan lejos de mi de Dani J.  Un par de semanas antes de la boda, el hermano de Álvaro, nos preparó unos pasos para la canción, debo de reconocer que cuando nos la bailó la primera vez con su pareja dije, ¡madre mía! y me dijo, no es tanto, son 4 pasos.
Y así fue, empezamos a ensañarlo, entre risas y pisotones, y cada vez nos iba saliendo mejor.
 A los minutos cortamos la canción con: Me sube la Bilirrubina de Juan Luis Guerra, canción que provoca bailar siempre que se escucha…y ahí empezó toda fiesta. Contratamos a Empopados, una orquesta muy conocida por nosotros, con la que todos los invitados disfrutamos muchísimo.
Al terminar la orquesta pasamos a otro salón, Las Barracas. Lugar especial para mí, ya que mis padres celebraron allí sus bodas de plata haca unos años, y también vivimos un día especial. Pasamos allí, y ahí empezaba la discomovil hasta bien entrada la noche. 
       Fue un día increíble, los dos nos sentíamos muy felices y super orgullosos de toda la gente que nos rodeaba. Cada vez que recordamos el día, nos emocionamos y lo revivimos con la mayor de las sonrisas.
Yo no digo que sea el día más feliz de mi vida, ya que considero que muchos momentos hacen días increíbles, pero lo que si que sé, que es un día dónde los dos soñamos despiertos y que fuimos dos personas llenas de felicidad.
Con Amor,
Cristina

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